Desinformación y mitos en la Guerra de Ucrania
- Alvaro Echeverri Uruburu
- 26 feb
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 1 mar
“Los veinte millones de muertos [que Rusia sacrificó en la Segunda Guerra Mundial] no son suficientes para debilitar a Rusia”.(presidente Harry Truman).
La Guerra de Ucrania, que ha entrado en la etapa diplomática para su eventual terminación gracias a los primeros acercamientos entre sus principales protagonistas, Rusia y los Estados Unidos, ha estado rodeada de una apabullante desinformación en los grandes medios internacionales y, peor aún, en los nacionales.
Esto no debería asombrarnos después de conocer el financiamiento que la desmantelada USAID otorgaba a la mayoría de medios de comunicación occidentales, dizque para “fortalecer la prensa libre”.
La narrativa de esos medios ha sido de una simplicidad sospechosa; Putin, el odioso, déspota ruso, buscando reconstruir el Imperio Zarista-Soviético, invadió militarmente al inerme país ucraniano en el amanecer del 24 de febrero del 2022.
Ese país se ha venido defendiendo heroicamente de esta invasión durante estos casi tres años bajo el liderazgo de un joven y valeroso excomediante, Volodimir Zelensky.
El hecho indiscutible de esta acción militar ilegítima de Rusia, tiene sin embargo, unos antecedentes que los grandes medios de comunicación de Estados Unidos y Europa han querido ocultar.
La investigadora Héléne Carrere D´Encausse, célebre por haber profetizado la disolución de la Unión Soviética en su libro de 1978 ,“L’empire éclate” (“La decadencia de un imperio”) y desde entonces experta en el conocimiento de la realidad rusa- ” Zarina de los Kremlinólogos”-, llegó a decir al inicio del conflicto ucraniano: “La crisis de Ucrania no la ha creado Putin”
Acusada de “Putinófila”-como muchos analistas que se han dado a la tarea desentrañar los orígenes de la más sangrientas de las guerras vividas por Europa desde la Segunda Guerra Mundial-, Helene Carrere ha recordado a los científicos sociales y a la opinión pública en general “que comprender no es justificar”.
El hecho fundamental que se encuentra en la raíz de la guerra de Ucrania, tiene que ver con la política impulsada por Washington de extender la presencia de la OTAN hacia los antiguos territorios de Europa que habían estado bajo la influencia de Rusia, colocando en estas bases militares norteamericanas, suprimiendo en esta forma el carácter de “Estados tapones” que garantizaban la seguridad rusa. Se violaron, de otra parte, los compromisos de las potencias occidentales cuando se produjo la desintegración de la URSS, de no ”avanzar un milímetro sobre las fronteras de Rusia”.
Esta expansión no parecía tener justificación cuando la llamada “amenaza comunista” que representaba la Rusia Soviética había desaparecido en 1991.
La expansión de la OTAN, convirtiéndola de una organización militar defensiva durante la “guerra fría” en una claramente ofensiva en el período postsoviético, tendría sentido si se considera la que ha sido la idea imperial que ha guiado la política exterior de los Estados Unidos prácticamente desde su participación en la Primera Guerra Mundial.
El exembajador de España en la República de Georgia, José A Zorrilla, sostiene que “No puede haber dominio del mundo- como lo pretenden los Estados Unidos- sin lograr el control de Eurasia”, cuyo territorio corresponde en gran parte a Rusia.
Siguiendo su política expansiva en Europa, Estados Unidos manifestó en 2013 su intención de incorporar en la OTAN, a dos países exsoviéticos, Georgia y Ucrania.
Para lograrlo en este último país era necesario derrocar a su presidente Víctor Yanucovich elegido democráticamente y tachado por Washington de “Pro- ruso” por el hecho de haber aplazado la incorporación de Ucrania a la Unión Europea, y por esta vía, indirectamente su ingreso a la OTAN.
En la actualidad no existe duda del papel cumplido por el Departamento de Estado norteamericano y en particular de una célebre “Halcón”, la Subsecretaria para asuntos Europeos y Euroasiáticos, Victoria J. Nuland, en la promoción de los violentos disturbios a cargo de grupos ultranacionalistas y neonazis que obligaron a Yanucovich a dejar su cargo y huir con destino a Rusia.
Nuland, no solo era funcionaria diplomática de carrera, sino “lobbista” de importantes empresas armamentísticas como General Dynamics, North Shop, Gruman y otras tantas que se han enriquecido todavía más gracias al conflicto ucraniano.
El ya mencionado exembajador Zorrilla, ha manifestado: “Todo el cuerpo diplomático [ al cual él pertenecía] sabía que Estados Unidos programaba el golpe contra Yanukovich. Todos sabían que Estados Unidos financiaba a las distintas organizaciones de la sociedad civil que impulsaban el golpe. Todos sabían el papel que jugó esta funcionaria del Departamento de Estado, Victoria Nuland”. Todos lo sabían y guardaron silencio cómplice.
El nuevo gobierno ucraniano, dominado por los ultranacionalistas y elementos neonazis- admiradores de Stephan Bandera, colaborador de la invasión de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial y responsable del asesinato de miles de judíos polacos y ucranianos, honrado por el parlamento como “gran patriota” según Zelensky, al tiempo que la foto de Valery Zaluzhnyi, jefe del ejército de Bandera y autor de esos crímenes, era entronizado en ese mismo recinto- manifestó su intención de ingresar a la OTAN, promoviendo de otra parte una política de “homogeneización cultural”, prohibiendo el idioma ruso, lo cual afectaba directamente a los habitantes del este de Ucrania, en la región del Donvass, mayoritariamente de origen ruso y de religión ortodoxa.
La política xenófoba del gobierno de Kiev, dio lugar a la rebelión de los habitantes de esta región que organizados en guerrillas se enfrentaron al gobierno central. Se inició así una verdadera guerra civil. Las tropas del gobierno detuvieron, torturaron y bombardearon a los rebeldes, que contaron cómo era previsible con el apoyo del gobierno ruso. Las dos grandes provincias del Donvass, Donetsk y Lugansk, se proclamaron “Repúblicas populares independientes”, reconocidas más tarde por el gobierno ruso e integradas al territorio de la Federación Rusa en octubre del 2022, previo sendos referendos favorables de sus habitantes a dicha anexión.
Antes de esta anexión y de la incursión militar rusa, buscando poner fin a la guerra civil entre el gobierno ucraniano y la región del Donvass, en septiembre de 2014 la organización suiza para la Seguridad y la Cooperación Europea, promovió la suscripción de los llamados “Acuerdos de Minsk” entre el gobierno ucraniano, las Repúblicas rebeldes y la Federación Rusa. En ellos se preveía garantizar a estas repúblicas un “estatus” de autonomía, así como el respeto a su cultura e idioma.
Sin embargo, como lo confesaría la Canciller alemana Ángela Merkel al periódico “Die Zeit", no se pretendió que Ucrania cumpliera estos acuerdos sino ganar tiempo para rearmar a este país y “volverlo más fuerte" con miras a un posible enfrentamiento con Rusia.
Como lo ha sostenido uno de los embajadores norteamericanos en Ucrania, Charles Freeman, durante 8 años la OTAN organizó y armó al ejército ucraniano, que alcanzó el número de 800.000 hombres, el más grande de Europa y apenas inferior al ruso de 830.000, con el propósito de recuperar Crimea- anexada por Putin en 2014 y ratificada esa anexión mediante referendo aprobatorio de la población de esa Península de origen ruso en un 77%- y aplastar a los Rebeldes del Donvass. Estos objetivos, desde luego, significaban una amenaza directa a la seguridad de Rusia, máxime cuando Estados Unidos insistía en ofrecer a Ucrania su ingreso a la OTAN, incluso en un mes antes de la invasión militar.
De una parte, la instalación de cohetes balísticos tanto en Rumanía como en Polonia de parte de la OTAN, aumento los temores de los gobernantes rusos de un ataque sorpresa. Pero si Ucrania se unía a la OTAN, Rusia no tendría más de 5 minutos para responder a un ataque enemigo.
En 2022 el gobierno de Kiev inició el avance militar sobre la región rebelde del Donvass. Sus habitantes solicitaron la intervención defensiva de Moscú. Putin lanzó entonces una demanda escrita dirigida a las potencias occidentales solicitando el restablecimiento de la neutralidad de Ucrania - pactada a partir de la disolución de la de la URSS-, la prohibición del despliegue de fuerzas estadounidenses en las fronteras de Rusia y la limitación con respecto a la colocación de misiles de alcance intermedio en Europa. De manera directa el gobierno ruso ofreció a los Estados Unidos la suscripción de un tratado que contuviera estas condiciones.
Pero,al tiempo ordenaba concentrar en la frontera con Ucrania un importante contingente de tropas para demostrar la seriedad de sus demandas, formuladas durante años y siempre desatendidas.
De forma arrogante y convencido el gobierno norteamericano de que Rusia sería derrotada fácilmente por Ucrania, respondió oficialmente que “nada tenía que negociar con el gobierno ruso”.
En estas condiciones, como lo ha señalado el ya citado exembajador Freeman, “Estados Unidos sabía que su negativa a negociar llevaría a la guerra”, por tanto la buscó intencionalmente para realizar el viejo proyecto de debilitar y aislar a Rusia, apoderarse si fuera posible de sus inmensas riquezas y consolidar su hegemonía mundial, contando por supuesto con el sacrificio de las vidas de todos los ucranianos y hasta el último de ellos como lo manifestó Zelensky en alguna ocasión.
El proyecto hegemónico estadounidense y la creencia en la derrotabilidad de Rusia, hizo fracasar el intento de negociaciones promovido por Turquía a los dos meses de iniciada la guerra. Cuando las mismas se desarrollaban en Estambul entre las delegaciones de los dos países beligerantes y al parecer habiendo avanzado en algunos acuerdos (neutralidad y no ingreso a la OTAN de Ucrania), se hizo presente el entonces primer ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson desautorizando cualquier tipo de entendimiento, amenazando a Ucrania que si no desistía de negociar, la OTAN estaría dispuesta a continuar la guerra.
Durante estos tres años, hemos asistido a la locura en la que han caído la mayoría de los dirigentes de la Unión Europea, estimulando la continuidad de la guerra, negándose a cualquier negociación con Rusia y levantando el infundio de las supuestas aspiraciones de este país -con más de 17 millones de Klm2, el más grande del planeta- de invadir al resto de Europa, promoviendo así, una atmósfera de terror y miedo que favoreciera el armamentismo de la OTAN e incluso anunciando una eventual guerra nuclear para la cual los europeos tenían que prepararse.
Ahora que las cosas parecen cambiar a partir de la llegada de Donald Trump a la casa blanca, Ucrania se ve forzada a terminar la guerra muy seguramente con menos territorio, con menos población y con una economía totalmente destruida. Este es el resultado previsible de haber sido utilizado por Estados Unidos y sus aliados europeos con el objetivo improbable de derrotar militarmente a Rusia, debilitarla y aislarla.
Bajo esta perspectiva, Zelensky pierde su aureola heroica, mostrándolo como un gobernante irresponsable, títere de intereses ajenos, que terminó por llevar a su país al matadero en una guerra que los expertos advirtieron desde el comienzo que no se podía ganar y que él se empeñó en continuar, prohibiendo incluso cualquier negociación, hasta el desastre final.
Cicerón había dicho: “Prefiero la paz más inicua a la más justa de las guerras”, Si Ze- lesnky hubiera conocido estas palabras del gran jurista romano y hubiera actuado en consonancia, hace mucho tiempo que se habrían ahorrado cientos de vidas humanas y evitado la destrucción total de su país.
*Ex-Costituyente 1991. Ex-Magistrado Consejo Superior de la Judicatura. Magister en Ciencia Política.
Excelente muestra de una realidad oculta en la guerra Rusia- Ucrania, verdades que no se conocen, intereses económicos y políticos que se disfrazan ante la comunidad. Ojalá los canales diplomáticos sean los que acaben con esta continua pérdida de vidas y no se siga con el apoyo armamentista que solo favorece a unos pocos.
Muy buen artículo, una mirada objetiva a la realidad que los medios tradicionales ocultan , disfrazan y tergiversan
Que artículo tan interesante. Una mirada profunda a las verdaderas causas de una guerra absurda. Esperaría un artículo sobre los intereses de Trump que sinceramente no creo que estén alrededor de la búsqueda de la paz.
Que gran artículo. Es una excelente y detallada descripción del fondo del origen del conflicto ruso-ucraniano, que en realidad es una guerra fratricida entre pueblos eslavos. Ahora que paerece cercano el fin de esa guerra, es muy importante que la hisoria sea contada con ojos y conocimientos como los de su pluma. Felicitaciones Alvaro.
Jorge Mendoza