El refinado peligro de las encuestas
- Gustavo Gaitán Thornee
- 26 sept 2024
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 1 oct 2024
Las encuestas son de doble filo para los políticos.
Las encuestas de opinión pública representan los contrastes de una democracia, con resultados son tan controvertidos e influyentes, que generan cambios en los comportamientos y juicios sociales, afectando desde la base hasta las altas esferas del poder.
Este tipo de sondeos o encuestas despejan enigmas, ponen en relevancia los temas de mayor impacto en la sociedad, descubren problemas, tratan de separar lo falso de lo verdadero y definir los conflictos con argumentos. También pueden medir la aceptación o rechazo de los personajes públicos y las características con las que los asocian (juventud, experiencia u honestidad), y hasta pueden validar sus actuaciones en momentos cruciales.

Las encuestas de intención de voto, por ejemplo, que tienen el objetivo de predecir los resultados en una elección, también han sido útiles para manipular tendencias y resultados, consolidar fraudes y frecuentemente han sido aliadas de grupos de presión en las redes, que crean encuestadoras ficticias con estos propósitos.
Así se ha visto desde la contienda Trump-Biden, en Estados Unidos, hasta los procesos electorales de Lula-Bolsonaro, en Brasil, Milei-Massa, en Argentina, y Petro-Hernández, en Colombia. Ahora nadie duda que serán parte del armamento que se utilizará durante la campaña Harris-Trump.

Últimamente, los exit poll o encuestas a boca de urna resultan necesarias para que los gobiernos o candidatos se proclamen ganadores a los pocos segundos del cierre de los centros de recepción del voto, poniendo contra la pared a las autoridades electorales y a los adversarios, tal como ocurrió en Venezuela.
Pero, en cambio, las encuestas y las encuestadoras están en peligro cuando tienen dificultades para pronosticar los resultados. Es el caso cuando las contiendas electorales ofrecen números apretados por los márgenes de error y tienen problemas para predecir a los ganadores en un mercado turbulento.
Sin embargo, las empresas investigadoras no pueden evitar que las encuestas se usen como propaganda política y para responder ataques. Son ampliamente conocidos los fenómenos que generan como el bandwagon (carro ganador) que conviene al que va primero y el efecto under dog (misericordia) con el que va de último. Unidos a la minería de datos, son todo un coctel explosivo de información en la actualidad: voto castigo, voto económico, voto vergüenza, etc.
Por supuesto que las encuestas también son un negocio, una industria millonaria y una herramienta irreemplazable del marketing, pues las mediciones de participación de mercado o alcance en redes sociales han convertido a las encuestas en verdaderos árbitros comerciales. En general, hoy en día la estadística, el sondeo, el dato o la encuesta de satisfacción la encontramos casi en todos los servicios que se brindan a los consumidores.
Sin embargo, las encuestas de opinión pública, aunque no obtienen el elevado porcentaje de los ingresos que pagan las grandes empresas de consumo masivo, constituyen una herramienta interesante para los medios de comunicación, las organizaciones políticas y sociales, porque se pueden convertir en un activo o en un lastre para los gobiernos o el poder.
Los sondeos son, pues, armas peligrosas cuando no se utilizan técnicamente, tremendamente nocivas cuando reafirman teorías de la conspiración, defienden posiciones retrógradas o populistas, son amanuenses de la corrupción o generan violencia cuando afectan a las minorías.
¿Qué son las encuestas de opinión pública?
La aparición del sentido moderno de la opinión pública, como aquella propia del público ilustrado, que por medio de la discusión crítica termina por destilar una opinión veraz, tomó forma durante la revolución francesa. En el siglo XVIII las élites hacían uso de determinados lugares e instituciones como clubes, cafés o las columnas de los periódicos, donde ejercían una opinión crítica permanente hacia el poder político, logrando que la opinión pase del ámbito privado al ámbito público: se volvió el eje central del discurso político y los conceptos de opinión ilustrada y opinión popular, que estaban separados, encontraron su identificación.
El diccionario de la Real Academia Española define la palabra encuesta como: 1. Averiguación o pesquisa 2. Conjunto de preguntas tipificadas dirigidas a una muestra representativa, para averiguar estados de opinión o diversas cuestiones de hecho.
Se critica que una encuesta es intrínsecamente una simplificación, porque se estudian asuntos complejos a través de preguntas relativamente simples, que se formulan a la población mediante alternativas excluyentes, que una persona ilustrada considera muy elementales, pero se trata de que sean entendidas por cualquier persona para que pueda opinar sin tener conocimientos técnicos.
Aunque no se les puede meter a todas las empresas en el mismo saco, porque existen diversos tipos de encuestas como las preelectorales, de intención de voto, clústeres de desplazamiento del voto, trackings, grupos focales, etc. que tienen sus precios de mercado y son realizadas por empresas cuyo mayor activo es la información.
Las empresas encuestadoras invierten en la simulación del voto en un recinto electoral con la presentación de una papeleta electoral; realizan entrevistas asistidas por computadora o CATI (Cumputer Assisted Telephone Interviewing) y por IVR (Interactive Voice Response). El periodista y político conservador colombiano Álvaro Gómez Hurtado confesaba: "Las encuestas son como las morcillas, muy sabrosas, hasta que uno sabe cómo las hacen".
Encuestadoras en la región

La historia es muy conocida: se le considera al famoso George Gallup como el pionero de las encuestas de intención de voto, cuando en 1936 se hizo célebre al pronosticar el triunfo del demócrata Franklin D. Roosevelt con una muestra de 5 mil encuestados, en contraste con la encuesta de la famosa revista Literary Digest que, en una muestra de 2.3 millones de encuestas, daba ganador al republicano Alf Landon.
Gallup, cuando era ejecutivo de la agencia de publicidad Young and Rubican, lanzó una subsidiaria en el Reino Unido, el British Institute of Public Opinion, donde vaticinó la victoria del Partido Laborista en 1945, en contraste con los pronósticos del Partido Conservador liderado por Winston Churchill, que lo daban como seguro ganador.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, el interés por las encuestas se extendió a casi todos los países, pero fue tan sólo en la década de 1960 que las encuestas fueron ampliamente utilizadas, con fines electorales, por los partidos políticos y luego difundidas por los medios de comunicación.
John F. Kennedy fue el primer candidato a la Casa Blanca que mandó hacer encuestas para su estrategia de campaña. Una de ellas reveló que sólo el 30% de las familias enviaban a sus hijos a la universidad, pero que un 80% deseaban hacerlo en el futuro. Como parte de su estrategia, Kennedy expuso un mensaje dirigido a audiencias específicas, afirmando que la educación era una prioridad máxima y que mejoraría las oportunidades de formación para los niños.
En México, durante las últimas elecciones del siglo anterior, se consolidaron las encuestadoras Mitofsky y Demoscopia, pero fue a través de la difusión de las encuestas en La Reforma y El Universal, medios que extendieron sus áreas de investigación dedicadas exclusivamente a medir lectoría, quienes pasaron de forma permanente a medir la opinión pública. Ni siquiera las poderosas Televisa o TV Azteca les han disputado ese dominio y parecen rehenes de las encuestadoras de audiencia televisiva como Nielsen e Ibope. Así mismo, la empresa Nexos, desde hace dos décadas, es la que hace seguimientos a las encuestas que se dan a conocer al público, poniendo en el debate su calidad y su veracidad en todo México.

En Colombia se ha seguido el libreto mexicano. Caracol, RCN, Semana y El Tiempo, es decir, los medios de los cuatro oligopolios: Santo Domingo, Ardila Lulle, Gilinski y Sarmiento, quienes manejan la banca, la industria, la contratación pública y el comercio nacional, compran encuestas luego de fortalecer sus áreas de investigación dedicadas a medir el rating, y han surgido una gran cantidad de empresas como Ivamer, Guarumo, Publidatos, CNC, que conforman una asociación ACIM que audita técnicamente las encuestas de sus asociados y descalifica a las que considera falsas, piratas o técnicamente mal elaboradas.
En Ecuador, las encuestadoras de opinión pública iniciaron sus mediciones con el retorno a la democracia; fue una empresa guayaquileña la que hizo las primeras encuestas para el presidente Jaime Roldós; sin embargo, existe un consenso en reconocer al encuestador colombiano Carlos Lombana como el que le abrió el mercado a las encuestas en general durante el gobierno de León Febres Cordero, hasta acuñar el término "Lombanas" para definir a los estrategas o consultores políticos de la época.
Los procesos electorales ecuatorianos han sido recurrentes y turbulentos, con organizaciones políticas que llegan a la cumbre y luego desaparecen, agregando inestabilidad al mercado. Cedatos, Informe Confidencial, se pueden considerar sobrevivientes en un mercado altamente competido. Como no existe ninguna instancia de autorregulación ni una asociación de encuestadores, las empresas deben registrarse y presentar sus mediciones en el propio CNE y son frecuentemente acusadas de favoritismo, falta de idoneidad y convertirse en apéndice de campañas y partidos políticos.
*Politólogo y estratega en comunicación política. Periodista y cinematógrafo.
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